miércoles, 5 de agosto de 2015

Luz íntima



 
Como si estuviera en el país de la magia,
como una nota sin tono
sueñan los nombres
en la memoria.

¿Cómo descifro el juego sagrado en el cuerpo?

Tomo consciencia de la locura de los dioses,
del temblor en mi corazón
que al abrir el lugar de su intimidad
(ese recinto hermético) se adentra
en lo que vaga afuera, para hacerlo suyo
y ofrecérmelo.

Libro nítido



 Una llavecita extraviada en la memoria. No hay congoja sino tiras de recuerdo entrecortadas en el desbande del tiempo.
En la esquina abandonada del pueblo, un quinotero rebelde se abraza a las paredes picoteadas. Mi abuela está parada contra la planta, en el derrumbe de la luz.
¿Qué mira si no puede mirar? Tal vez el silencio.

Muerte demorada




¿Qué silencio podrá ser este silencio, que frío este frío que agujerea los labios?
Aquí no hay voces. Sólo pasos solapados en la mitad del páramo.
El sesgo de la luz acaricia los bordes de la sombra y el cazador se detiene cuando ve al alce perderse en la curva del horizonte. Piensa: “¿Estaré en lo cierto al pergeñar la distancia?”. Se baja del trineo.
Las huellas de las botas al clavarse en el hielo lo astillan y producen figuras azules.
El hombre tiene algo de miedo cuando caen desde el cielo blanco ráfagas de agua que se convertirán en nieve. Sube al trineo, acelera la marcha y de cara al paisaje sabe que él también pertenece a la intemperie.

lunes, 2 de febrero de 2015

Ganar color



“…el tiempo es un decorado.”
Kjell Askildsen.

La tela negra de la pena
gotea.

Los jazmines del jarrón
se han oscurecido, han manchado la mesa.
Recojo los pétalos con mi mano ahuecada
y quedo perpleja
ante la imagen que ha desvestido su belleza.

Sin otra urgencia
que seguir serenamente
la disolución de los sueños,
miro mi rostro en el espejo
y veo la juventud en colores apagados.

Estremecida, mi corazón
guarda por un instante
la luz loca del sol.

Nunca vi nada tan límpido.




*de El revés de la luz, Buenos Aires, Alción Editoria, 2014

El color rosa de la piedra



“Este sitio es duro como el silencio”
Yanis Ritsos

La extensión plegada de la roca,
enfrente de mí.
Toco con la mente en desorden
un instante de luz.
Es como si la materia desbordara solidez
y color.

Presencia indiferente. Ondulan los montes
y su reserva de secretos.
Este sitio llena el vacío
y oprime el oído
con su implosión de silencio.

Dedico cada palabra mía a los lindes de la piedra
y a lo que mi ojo les vierte.



*de El revés de la luz, Buenos Aires, Alción Editoria, 2014

Al atardecer



        Inquieta por la tormenta me senté al amparo de un plátano añoso. No sabía que los árboles atraen los rayos.
     A unos metros divisé los cuerpos inertes de tres pájaros caídos por el temporal.
     Enternecida, dejé atrás la atmósfera agitada del día y en un arrebato me arrastré con mis botines embarrados hasta ellos. Tienes que enterrarlos me dijo otro pájaro y supuse que los cuerpitos querían tierra y hojas. Pensé: está todo bien, ellos no tienen pretensiones.
     Ya no escuchaba los truenos. Sólo estaba sorprendida por la muerte, tan quieta. Tal vez ellos querían ser enterrados de otra manera; entonces deshice mi mochila para convertirla en ataúd. 




*de El revés de la luz, Buenos Aires, Alción Editoria, 2014

Revelación


                                             A mi hijo
                                                  Pablo Visconti
I                                      

Dijo:
—Hablo solo para vos.
Quisiera preservar la luz,
consumirme en este instante de encuentro.
Me perteneces como el sueño, el frío y el silencio.
Veo danzar las piedras invisibles
bajo la tierra que nos cobija.
Como en un rito te alzo en mis brazos
y tu historia comienza.
Quiero que veas mis ojos,
que habitemos este atardecer.
Yo soy una muchacha y te amo.


II

Desde el fondo de la infancia
tus palabras estaban en mí.

¿Por qué tu voz se repite
en las metáforas del cuerpo?










*de El revés de la luz, Buenos Aires, Alción Editoria, 2014